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La Realidad de la actividad Minera en Colombia

La actividad minera es constantemente atacada en varios sectores del panorama nacional, sin embargo, sólo pocas personas se toman el trabajo de informarse adecuadamente sobre la realidad del sector, y de la viabilidad de una mayor participación de la generación térmica a carbón, dentro de la oferta de la canasta energética colombiana en la actualidad. 

Es por esto, que la Federación ha desarrollado investigacion en los documentos publicos de la UPME y otras fuentes oficiales para ofrecer una version imparcial de la informacion que deberia conocer la ciudadanía antes de descalificar la actividad minera del carbón:

Colombia es el único país en Sudamérica que tiene reservas en carbón metalúrgico, el que es materia prima para la producción del coque, que a su vez es materia prima vital para la industria del hierro y del acero. Eso nos ha dado una ventaja comparativa, la que a pesar de la distancia a los puertos del atlántico y del pacífico (600 a 900 Km.) nos ha permitido convertirnos en el tercer exportador de coque del mundo, siendo el primero China, con 10 millones de toneladas anuales, segundo Polonia con 6 millones de toneladas y tercero Colombia con 2 millones de toneladas al igual que Rusia.

La producción anual de carbón metalúrgico en 2016 fue de 315 millones de toneladas, ocupando el primer lugar Australia con 190 millones de toneladas, China con 60 millones de toneladas, USA con 37 millones de toneladas, Canadá con 28 millones de toneladas y Colombia 1.8 millones de toneladas.

Esta industria carbonífera, vital para el desarrollo de departamentos como Boyacá, Cundinamarca, Norte de Santander, Santander y Antioquia entre otros, desarrollada en más de 45 municipios,  en muchos de los cuales su principal, -por no decir que única actividad económica es la producción de carbón y/o coque- son impactados favorablemente con la creación de 25.000 empleos directos y 125 mil indirectos, para más de 150 mil empleos, se verían gravemente afectados en sus condiciones económicas y sociales, si el país sólo tuviera para ellos la alternativa de la eliminación de la industria carbonífera.

La exportación en Colombia durante el pasado año 2016 fue de 3.4 millones de toneladas de carbón metalúrgico y coque metalúrgico a 22 países por un valor de 430 millones de dólares, movilizados por carretera a los puertos del atlántico y del pacifico.  Las compañías transportadoras recibieron 350 mil millones de pesos y los puertos 90 mil millones de pesos, con fletes a puertos de 30 a 35 dólares por tonelada y un valor en puertos de 9 dólares por tonelada, convirtiéndose la carga carbonífera de exportación, en la principal y casi única carga de compensación para las empresas transportadoras, de tal manera que si esta desaparece, se elevarían sustancialmente los fletes de las importaciones con destino al centro del país.

La canasta energética de Colombia está fundamentada en un 70% en la generación hídrica y menos del 4% en la producción carbonífera, lo que la hace insegura por las sequías prolongadas o por los inviernos incontrolados, por los nefastos efectos del fenómeno del niño o de la niña y las producciones energéticas eólicas o solares, deseables para la solidez de la producción energética que actualmente se encuentran todavía a niveles insuficientes y a elevados costos, lo cual el país debe resolver. Pensamos que de ninguna manera es adecuado obtenerlo acabando radicalmente la industria del carbón que, por su abundancia, -más de 240 años de disponibilidad y seguridad- entendemos que debe ser lo último que se debe eliminar sin precipitar plazos ni decisión alguna. Más aun cuando el país está abocado a un dramático agotamiento de las reservas de gas y petróleo.

A la generación con carbón se le ha adjudicado un gran impacto ambiental, lo que ha cambiado de manera positiva y acelerada con la aplicación de mejores prácticas ambientales con la aplicación de nuevas tecnologías de termo-generación, sistemas limpios, ambientalmente sostenibles y a precios razonables.

Ya están disponibles los sistemas “supercríticos” y “ultra supercríticos” desarrollados por General Electric y otros sistemas equivalentes impulsados por compañías líderes en China que reducen al mínimo las emisiones de CO2 a partir del carbón y aseguran la captura de óxido sulfúrico y metales pesados.

La tecnología de carbón pulverizado, sigue siendo la de mayor uso para la generación de energía eléctrica a partir del carbón mineral. Los principales avances se han logrado a través del desarrollo de plantas que emplean aceros de alta resistencia que hacen posible el uso de vapor (en condiciones “supercríticas y “ultra supercríticas”), con las cuales se alcanzan eficiencias del 45%.

Las emisiones producidas en el proceso de combustión, son reducidas a través del uso de precipitadores electrostáticos y/o filtros con los cuales se remueve la ceniza y a través de los métodos de desulfurización de gases de combustión. De igual forma, con el fin de reducir emisiones de nitrógeno, se emplean quemadores de bajo NOx, técnicas de requemado y de reducción catalítica, con las cuales se alcanzan reducciones del 80%.

Estas nuevas plantas de generación térmica que operan con carbón mineral, requieren de dos a tres años para su construcción y cerca de seis meses para su puesta en funcionamiento, actualmente se disponen de plantas de generación con capacidades de entre 40 Mw y 550 Mw [1].

La producción de carbón de Colombia representa el 1.4% anual pero su consumo es apenas el 0.1%. Igualmente, Colombia es uno de los productores de energía más limpios del mundo, equiparable a los países Nórdicos, ya que como dijimos anteriormente el 70% de nuestra producción de energía es de origen hídrico y solo el 4% se origina en el carbón.

Como quiera que los fenómenos climáticos impactan la generación eléctrica soportada en una matriz energética fundamentalmente de origen hidroeléctrico produciendo inseguridad, es claro que Colombia debe beneficiarse cada vez más del carbón para reforzar la confiabilidad y economía de su base energética, emprendiendo el desarrollo, implementación y montaje de termoeléctricas de última generación y ambientalmente sostenibles, lo más cerca posible de las propias minas de carbón.

Lea la carta que se readicó ante el director

del Periódico el tiempo aquí>>

 

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